Si, hasta la bici me tuneo con pegatinas de música...
El rollo bicicleteo en la gran ciudad te hace sentir soy-súper-moderno-de-la-muerte y me-comprometo-con-el-medioambiente... pero la verdad es que es muy cómoda y se va de puta madre... te apetece salir a la calle a darle a los pedales, a esquivar transeúntes... todo es diferente desde ahí arriba, la ciudad es hermosa vista desde arriba dijeron Aviador Dro en una de las canciones más bonitas del tecno-pop patrio que se hayan escrito jamás... claro que ellos no hablaban de la bici, sino del nuevo aerocoche de la corporación.
Ahora que esta calor pegajosa empieza a despedirse de nosotros, levantarse un sábado prontito (y sin resaca) para ir a dar un paseo es una auténtica delicia. Desde que unos hijosdelagrandísima me robaron la mountainbike, no había vuelto a tener esa sensación, hasta que este verano la familia, como si lo hubiese aprobado todo a fin de curso, me regaló una plegable la mar de chula. A ver cuánto me dura, tres pitones llevo.
Y de paseo por mi barrio, El Raval (que no es mi barrio pero como si lo fuera), me he acercado hasta el Fnac a gastarme lo que no me gasté ayer en fiesta, dejándome los pokemons en engrosar mis estanterías y atiborrar la mente con unos discos oferta de música africana de esta que os gusta tanto... desde la bonita algeriana Souad Massi (que por cierto, la tenemos en Bcn en un par de semanas!!), a los senegaleses Baaba Maal e Ismaël Lô.
Y para acompañar la música, he bicicleteado un poco más chino-chano hasta la gran librería del MACBA a por algo de lectura. Han caído un par de libros que tienen muy buena pinta y que estoy seguro a más de uno puede interesar por aquí: Musicofilia: Relatos de la música y el cerebro... y... La música que no se escucha: Aproximaciones a la escucha ambiental.
En la rambla del Raval empezaban ya de buena mañana los conciertos, con un escaso público (no me extraña) que no estaba mucho por la labor de escuchar entre otras, una versión del Empordà de Gerard Quintana&Co... y que al igual que yo, disfrutaba mucho más del simple hecho de caminar, de los chiringos hippies y de la difícil tarea de ocupar las terrazas que ocupan todo el paseo.
Y allí me he quedado un buen rato, sentado en una terraza, con la plateada mesa que reflejaba el sol en mi rostro como si fuera un espejo... solo, contento y feliz, despreocupado... con gafas de sol, una vieja camiseta negra, mis bermudas roñosas... disfrutando de una jarra de cerveza bien fría, con una temperatura de lo más agradable, un libro... y mi hermosa ciudad, la misma de la que a veces deseo escapar.
Os dejo con un tema de unos de los discos que me he llevado, una canción que todos habréis escuchado alguna vez (Almodóvar tuvo la culpa, hay que joderse)... y que inevitablemente me trae recuerdos de mi querida África... de Senegal... de sus gentes... y de aquellos mágicos baobabs cargados de historias y leyendas que tantos soles rojos han visto desaparecer tras sus espaldas...

