5/11/08

+ Marroc Xtrem - Día 5

Os cuelgo un pequeño fragmento de nuestra crónica del último viaje al sud de Marruecos... uno de los tantos días en los que la mala suerte y la crueldad del desierto puso a prueba nuestra resisténcia, fuerzas, optimismo... pero sobretodo el compañerismo y amistad.


Día 5: acampada Tata– M’Hamid

Recogemos el campamento, el sitio resulta ser muy bonito a la luz del día!
Deshacemos la pista hasta la carretera y la cogemos dirección Foum Ziguid para llenar depósitos. Las polvorosas calles están llenas de niños que van (o vienen) del colegio. En Foum Ziguid cogemos la pista pedregosa dirección lago (seco) Iriki.
Pedruscos y más pedruscos, el Mitsu debe bajar el ritmo.
















Mario y Pedro van en el Range Rover cuando de rerepente se oye un ruido, un amortiguador ha perdido un taco de teflón y hay que repararlo. Por suerte hay recambios y Alex lo cambia en un minuto.

Se está levantando el viento, sobre nuestras cabezas un cielo amenazante oscurece por momentos.

Continuamos por la pista pedregosa y el Range pierde ahora una de las arandelas que aguantan el taco del mismo amortiguador, por suerte vuelve a haber recambio y nuestro experto lo vuelve a cambiar rápidamente mientras echa unos tragos de birra.














Parece que se está formando una tempestad, empiezan a caer unas gotas y el viento sopla cada vez más fuerte.

Dejamos la pista para meternos en el Iriki, poco a poco, nos estamos adentrando en una tormenta de arena! La visibilidad va disminuyendo

notablemente, hay que bajar mucho el ritmo en medio de la tempestad, a parte de no ver bien, sabemos que no estamos solos en el lago, podemos cruzarnos con otro grupo y golpearnos.















El viento se enfurece más y más, con rabia. La temperatura va subiendo. Paramos un rato a ver si amaina, pero no hace más que empeorar. Xtrem!!!

En breve decidimos continuar totalmente a ciegas, nos guiamos mirando la pequeña pantalla del único que sabe dónde estamos, el GPS.

El Range empieza a calentarse otra vez, de forma preocupante.















Estamos llegando al final del Iriki según indica el GPS y la tempestad es muy fuerte, las cosas se están complicando demasiado, no se ve absolutamente nada y acojona un poco, es demasiado arriesgado continuar la marcha, así que decidimos parar.














Estamos prácticamente dos horas metidos en el coche sin poder salir, atrapados, la tormenta de arena es bestial, los termómetros marcan 45ºC y el ruido de la arena azotando la chapa y los cristales es impresionante.















No sabemos cuánto puede durar la tormenta, no amaina y nos quedan muchísimos kilómetros para terminar la etapa, así que decidimos dar la vuelta para cruzar el Iriki y poder retomar la pista principal.

Continuamos circulando casi sin visibilidad, pegados unos a otros por la blandísima arena hasta que el Mitsu queda enganchado, clavado sin poder avanzar.














Salimos al rescate, pero la arena golpea nuestra piel con tantísima fuerza que volvemos doloridos corriendo hacia los coches. Hacemos un segundo intento de desencallar el coche, unos palazos, empujones y logramos sacarlo.













Poco a poco conseguimos llegar a la pista y la cogemos en dirección M’Hammid.

Aquí la tempestad parece no ser tan bestia ya que no hay tanta arena que levantar, pero el viento sigue soplando con fuerza.













El Range se vuelve a calentar, nos vemos obligados a detenernos una vez más a ver que pasa.

No tiene líquido refrigerante, parece ser junta de culata. Rellenamos el circuito con el agua que tenemos para beber, mientras el Terrano y el KXR continúan solos la marcha hacia el Hotel Tabarkat para ver si encuentran habitaciones donde pasar una noche tranquilos.














Toy, Range y Mitsu
La aguja de temperatura del Range sube constantemente y se vuelve a parar una vez más. Mientras volvemos a rellenar el depósito de agua y dejamos que se enfríe el coche, aprovechamos para hincarnos una botella de Lambrusco. Con Lambrusco, da gusto!

















Continuamos la marcha, pero El Range se va bebiendo toda el agua al poco tiempo de circular, así que aproximadamente cada diez minutos vamos parando a rellenar depósito.
Se hace de noche y nos quedan aun muchos kilómetros hasta el siguiente pueblo.

El Range vuelve a calentarse otra vez, la avería no parece tener solución y se para una vez más en mitad de la nada, en plena noche.

Nuestro amigo Pedro, se debate entre rociar su propio coche con gasolina y prenderle fuego, o abandonarlo en mitad del desierto para ir a buscarlo al día siguiente.

Tomamos el punto de localización con el GPS, y ya a oscuras, decidimos vaciar toda la carga necesaria del Range para dejarlo allí, y mientras se hace el reparto de trastos entre el Mitsu y el Toy, divisamos en la lejanía unas luces que se aproximan a nosotros.

Se para un viejo Land Rover al vernos y baja un morito llamado Hamid que tiene una agencia de viajes, que habla catalán y que tuvo una novia en Parets; hay que joderse!!!…
Entre los acompañantes de Hamid hay un nómada (todo un personaje) y otro que parece saber algo de mecánica, por lo que se pone manos a la obra a arreglar el Range, con una minúscula navaja multiusos y soplando un manguito ardiendo consigue arrancarlo.














Hemos agotado todas las reservas de agua, no nos queda ni una mísera gota.
Reanudamos la marcha siguiendo el Land Rover de Hamid, pero no pasa ni un minuto que el Range vuelve a pararse.

El Land Rover acude al rescate una vez más, pero Hamid nos comenta que tiene mucha prisa y que alguien le debe acompañar al siguiente pueblo mientras los otros se quedan intentando arreglar el Range.

Mario se ofrece voluntario para llevarlo con su coche y Hamid se sube al Mitsu con él para salir dirección M’Hamid.

De los 5 coches, 2 se han ido a buscar agua y hotel, el El Toy se queda con el Range Rover averiado y el Mitsu de Mario debe marchar solo... No es una situación agradable, estamos en mitad de la noche, en pleno desierto y cualquier problema en solitario podría convertirse en algo serio . Hoy tampoco sabemos donde ni cómo vamos a dormir... si es que dormimos.

Hamid y Mario
Pistas arenosas pero rápidas. Pasan unas primeras dunitas y de repente, en medio de la oscuridad, surge una duna más grande, El Mitsu la traza de lado y se queda enganchado con una buena inclinación lateral. Mario y Hamid salen y empiezan a palear evitando que el coche vuelque y conseguir desengancharlo, pero el morito le pide a Mario si puede conducir él ya que tiene mucha prisa y se conoce muy bien la zona. Mario acepta y el Mitsu reanuda la marcha, pero al poco rato se demuestra que Hamid no conoce la zona tal y como el creía y se pierden. Hamid echa la culpa al viento que ha borrado las roderas que supuestamente deberían indicarle el camino en la oscuridad. Vuelven hacia atràs hasta que Mario empieza a guiar el coche según las indicaciones del GPS. Llegan a M’Hammid y Mario deja a Hamid en un Hotel.

Todos juntos otra vez
Mario finalmente llega al Hotel Tabarkat para reencontrarse con los Chivitos y los Indis, pero estos ya han salido cargados de agua en busca del Range Rover y poderles suministrar así el único requisito para que el coche pueda continuar la marcha: agua!!
Llenamos depósito de agua y conseguimos arrancar el Range una vez más, está agonizando, da sus últimos suspiros, ha conseguido llegar justo hasta la puerta del Tabarkat donde se muere tras explotarle el depósito de agua del refrigerante.
Nos hemos quedado sin un todo terreno, mañana habrá que moverse para que lo vengan a buscar y lo repatríen hacia la frontera.

Ducha y cena de puta madre después de otro día agotador.
Güiskibreafing comentando las aventuras.

Que nos esperará mañana?? el Xtrem continúa!!!

1 comentario:

  1. buenisimo el relato, me imagino la tormenta de arena... es una experiencia que no se olvida facilmente ;-)

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